Músicos hasta la médula, durante casi 3 horas Fred Wesley y Pee Wee Ellis nos hicieron volver a movernos como lo hacían en el programa Soul Train hace unos cuantos años. Los que habían formado parte de la banda de James Brown se reúnen ahora para ofrecer un repertorio-tributo al godfather. Llenos de humor y good feeling, su salida al escenario fue como el que pasea por su casa en pijama, nada de exageraciones: iban a hacer música. La verdad es que hasta llegar al Papa ´s got a brand new bag, las canciones, aunque desconocidas, fueron todo un lujo funkie al más puro estilo Lynn Collins, despacio pero preparando el alboroto. Pass the Peas, fuerte y con un toque africano a cargo de Cheick Lô –la frase de Jose Carlos no tiene desperdicio: “al Cheick este lo que le pasa es que se fuma unos petas como armarios”-. Pocas pero grandiosas intervenciones vocales de Ellis, haciendo cantar a todo el Patio Conde Duque, wait a minute!, be quiet!, party, party, party… Man´s Man´s Man´s world, interesante y demasiado sentimental para mi gusto. James Brown le daba ese toque de rabia que corta la respiración, la llevaba a otra interpretación, al enfado nostálgico, cuidando cada grito como si fuera el más importante de la canción. Por suerte para el público, no fue el afamado rastafari el único que interpretó las versiones legendarias, también otros artistas invitados –cuyos nombres no paro de buscar, a ver si los encuentro- dejaron su marca en el escenario. Creemos que se apellida Rules, así lo llamaba Fred Wesley, el que se dejó la garganta en el micrófono intentando evocar el R&B de otro tiempo. Y por no mencionar su baile deslizando las plantas de los pies sobre todo lo que era plano. Soberbio.Todavía tengo muchas dudas sin respuesta del concierto de ayer: cómo se puede improvisar con un trombón y no aburrir en absoluto, cómo una banda de tal calidad puede llevar un pianista que pasa desapercibido, cómo se llama el chico que tocaba el saxo alto y que casi nos hace subir al escenario, cómo es posible que la canción final I feel good suene tan increíblemente bien incluso tocada en forma de balada sesentera, cómo se puede tocar durante casi 180 minutos y no morir en el intento, cómo puede ser que dos señores vestidos de colorines nos hagan emocionarnos entre ritmos cortantes y golpes de flap mientras tocan canciones con nombres tan simples como “pásame los guisantes”. Demasiado músicos, demasiado góspel, demasiado funkie. Por favor, que la panza siga siendo solo un extra más al encanto de estos fieras, que sigan sacando de dónde sea las fuerzas y que sigan tocando.
POSDATA.- Felicitaciones a la organización, está todo muy bien pensado.
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