De nuevo el Central. Punto de encuentro. De nuevo mesas compartidas y conversaciones con alemanes. Lugar extraño pero encantador. La plaza Santa Ana gritaba que todavía era de día, que no se acabe la luz, y si no ya la pone el hotel color violeta. El Central puede hacer que vuelvas a fumar, o quitarte el hambre, o destaponarte los oídos.Alejandra Martín y sus muchachos nos llevaron de la mano. Con un repertorio más que bueno, nos pasearon entre nombres que entusiasman pero encajan. Desde canciones para niños hasta canciones que cantaban ciegos moviendo el cuello este-oeste. Desde la Pampa con amor. Confidencias con las primeras mesas y atenta a los murmullos como queriendo entablar conversación con un público atento y enmudecido ante tanto talento, ante una voz cálida y a ratos desgarradora que por momentos derrochaba miedo del bueno, melancolía del tango.
Un clima no se crea solo. Hay que trabajarlo. Y Alejandra Martín supo crearlo. Versiones desde Stevie Wonder a George Harrison pasando por Disney. Impresionante el Whole lotta love de Led Zeppelin, por un momento parecía que Jimmy Page se había pasado un rato por el Central y había cambiado el Rock´n Roll por los ritmos de jazz. El rock también puede tener lamentos, el jazz también puede tener rabia.
Mariano Díaz fue espectáculo. Confiado y sereno, sabiendo subir y bajar al ritmo de esa voz que nos enamoró. Miradas entre cristales y mucho movimiento mandibular. Reposaba el móvil al extremo del piano como esperando a sonar la alarma que advirtiera que tanto derroche de buena música empezaba a rozar lo prohibido. Victor Merlo auténtico grave en cascada al bajo. Nos hizo mover las rodillas y fruncir el ceño siguiendo el movimiento de sus dedos mágicos. Soberbia improvisación acompañada de buen vino. Luis Ceravolo a la percusión, inmune a las heridas que puede abrir la batería en este tipo de sesiones, firme y, a mí parecer, el más rockero de todos, marcando fiel al compás del chasquido inicial. Grande batería y con mucho humor.
Fin de sesión acompañados de Malena. Volvimos a 1941 con Homero Manzi. Milonga y cerveza. Garbo y el movimiento de tacón mientras dábamos el último mordisco a un concierto que nos dejó con ganas de más, y de más tango. Malena ahora se llama Alejandra Martín. Voz quebrada, voz de sombra.
Tu canción tiene frío del último encuentro.
Tu canción se hace amarga en la sal del recuerdo
Yo no sé si tu voz es la flor de una pena,
solo sé que al rumor de tus tangos, Malena,
te siento más buena, más buena que yo.
3 comentarios:
Grande Alejandra. Grande Quarteto. Grande Gonzalo...
Sonó muy bien... y no hizo falta beber Alejandra!!!
Victor Merlo...Merlo... menudo apellido!!! Seguro que es un tipo grande.
Grande Goyans. ¿Para cuando una crónica "armónica"?
Oye, este blog está super actualizado, eh???Me cagüen la leche...
Como va eso putas??Yo estoy en londontown!!!!Con pardelas hablé hace poco, pero goyans y javito son cromos más difíciles de conseguir...
Espero que os vaya bonito.
Always yours,
Chinese people.
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